En un fin de semana que la memoria barrial atesorará, los chicos del Cerrillos Tiro Club trajeron a casa un aluvión de medallas desde Buenos Aires, con un impresionante botín de oros, platas y bronces en el Campeonato Nacional Juvenil de Tiro Deportivo.
Desde temprano en la competencia, se vio ese temple que solo se forja con años de constancia y apoyo comunitario. Leandro Kerner logró plata, Maximiliano Viltes bronce, y juntos con Leonardo Flores alcanzaron el oro en pistola por equipos. En el sector femenino, Melisa Parra obtuvo plata en carabina; y junto con Ambar Veiga repitió podio por equipos.
El domingo fue la culminación del esfuerzo colectivo: Virginia Parra dominó con dos oros (tendido olímpico y carabina 3 posiciones), siempre escoltada por Delfina Ruiz que se quedó con las platas correspondientes. Melisa Parra se coronó otra vez con oro en rifle quiebre 10 m y, junto a Ambar, sumaron otro título por equipos. Es un logro histórico, una verdadera demostración de talento, pasión y perseverancia.
Detrás de esta medalla, sin embargo, hay una realidad que no podemos ignorar: el club subsiste gracias al esfuerzo de entrenadores como Eduardo Gabriel Cruz, Gimena Cruz y Eduardo Cruz, y al acompañamiento silencioso de dirigentes locales. Mientras tanto, el Estado provincial o municipal sigue mirando para otro lado. ¿Cuándo llegará esa inversión pública real que los chicos del barrio necesitan para que brillar no implique migrar al centro o a la capital?
Estos jóvenes representan el mejor ejemplo del potencial que tenemos en Cerrillos: con disciplina, pasión y trabajo comunitario, construimos futuro. Pero es momento de exigir: que el Estado deje de ser espectador y empiece a acompañar, que no salgan más a “rescatarse solos” y que cada medalla sea también fruto de una política pública presente.



